sábado, 22 de diciembre de 2007

¿Qué es la Teoría Arqueológica?

Durante nuestra edad escolar ante el desafió de realizar un trabajo de investigación en alguna asignatura, se nos planteaban una serie de elementos que permitían estructurar y darle coherencia a nuestras interpretaciones. Entre aquellos elementos, uno de los mas comunes de hallar era siempre el nunca bien ponderado “marco teórico”, ¿Qué es el marco teórico? Nos preguntábamos por aquel entonces aquellos que solo acostumbrábamos a estructurar un trabajo en torno a los 3 elementos básicos: introducción, desarrollo y conclusión.

Nuestra siempre amable profesora al escuchar nuestra inquietud procedía a explicarnos que el marco teórico consistía en todos aquellos aspectos que construían el marco global que sustentaba nuestras hipótesis sobre los temas a tratar y que en resumen no era mas que adherir a un determinado autor para poder justificar los datos que observábamos.

La situación anterior constituye como ejemplo, uno de los acercamientos más comunes al término de interés en esta exposición, la “teoría”. La teoría, en esencia, constituye algo muy similar al marco teórico pues ambos intentan llegar a la misma idea, sin embar la “teoría” es mucho más que nuestra adherencia a los postulados de un autor. Para acércanos de manera explicativa al concepto, parece interesante entonces analizarlo desde sus acepciones en el sentido común hasta las implicadas dentro de una investigación o una actividad científica.

Entrando en materia, es muy común que cuando hablamos sobre el concepto teoría de ante mano se establezcamos una distinción o limite frente a otro concepto, la práctica. Desde pequeños concebimos la teoría como algo separado de la actividad practica en tanto esta ultima es concebida como una experiencia resultante de nuestro acercamiento al mundo exterior en base a nuestros sentidos y la primera como un aspecto ideal, es decir, como un producto de nuestras reflexiones o abstracciones de fenómenos que hemos visto con regularidad, los que por medio de la teoría adquieren un “sentido” para comprenderlos a cabalidad o como fenómenos que van más allá del mero hecho, en otras palabras, nos permite trascender de su mera descripción hacia una posición explicativa. Es importante aquí la referencia hecha al concepto de “sentido”, pues justamente de este concepto se desprende lo que comúnmente se entiende por teoría, en definitiva, constituye una suerte de manto cobertor en el cual se insertan los hechos y desde el cual nos es posible explicar los fenómenos, articularlos en base a las categorías que rigen nuestro modo de conocer y lo que concebimos como realidad. En base a esto, la forma mas común de saldar el abismo que nos plantea la teoría y practica, es plantear que existe una relación directa entre ellos en el proceso de conocer y que la realidad no es mas que el mundo exterior que podemos ver, oler, tocar, sentir, etc.

La anterior descripción es en términos generales lo que desde la filosofía se entiende por empirismo y es una manera de dar solución a un problema central dentro de la teoría. Este se articula en base a tres conceptos que desde diferentes posiciones, una de ellas el empirismo, han sido relacionados y caracterizados. Estos conceptos son la gneoseología (o epistemología), que aborda el problema de la teoría del conocimiento, la ontología, que aborda el problema de la teoría de la realidad y la lógica, que aborda el problema de la metodología (Bate 1989).

Debemos señalar, a partir de este problema, que no existe una forma única de asumir la forma en que conocemos y como es la realidad. Ejemplo claro de esto hay muchos, vasta solo remitirnos un par de siglos atrás y entender por ejemplo como durante el feudalismo toda forma de conocer y de realidad se construía en base a los libros sagrados escritos por los discípulos de Jesús, compilados en la Biblia. Esto nos muestra que la realidad no siempre ha sido concebida desde los marcos explicativos contemporáneos o desde la ciencia, e incluso podremos ir mas allá y decir que desde la ciencia física y química actual sabemos que entidades como la materia que podemos “experenciar” en el mundo exterior, es una entidad compuesta por átomos y energía que nos son imposibles de percibir por los sentidos en su esencia y por lo tanto escapan a las capacidades primarias que nos entregan estos, matizando en parte, lo que entendemos desde el sentido común.

Pareciera ser luego de esto, que nos enfrentamos ante un concepto de teoría que no esta exento de problemas y que desde el sentido común resulta un tanto ambiguo. Sin ir mas allá, bajo el término de teoría se engloban diferentes escalas de aseveraciones que van desde corazonadas que intentan interpretar un determinado fenómeno hasta supuestos que enuncian la producción de problemas sustantivos.

En base a estos planteamientos y para intentar acercarnos a una concepción de la teoría que trascienda el sentido común abordándolo dentro de una investigación científica, debemos dar un paso adelante y señalar la teoría en los términos que hemos descrito constituye antes que nada “un conjunto de supuestos que orientan la producción de teorías sustantivas” (Gandara 1993: 6). Entonces surge la pregunta ¿Qué son las teorías sustantivas? Para responder nos ayudamos de un arqueólogo llamado Manuel Gandara (1993) que define una teoría sustantiva como:

· Un conjunto de enunciados, sistemáticamente relacionados: Esto es que las aseveraciones planteadas se encuentren en una coherencia interna que no implique contradicciones entre ellas.
· Que incluye cuando menos un principio general tipo ley: Esto es que contiene al menos un enunciado en el cual se establecer relaciones causales entre palabras
· Que es refutable en principio: Es decir que se acepta que en realidad no es posible confirmar teorías, sino refutarlas.
· Que se propone para explicar/comprender un fenómeno o proceso.

A modo de ejemplo un tipo de teoría sustantiva bastante común podría ser la teoría marxista del valor. Como veremos, estas teorías guardan una relación estrecha con los contenidos específicos y teóricos experimentados en una investigación particular, compartiendo elementos comunes dentro de una teoría mayor.

Luego de esto, cabe preguntarnos ¿En que se diferencian sustancialmente una teoría en general de una teoría sustantiva además de la diferencia de escala? Para responder de manera detallada volveremos a ayudarnos del mismo arqueólogo, Manuel Gandara (1993), y diremos que una teoría o “posición teórica” lo define el, implica: “Un conjunto de supuestos valorativos, ontologicos y espitemologico-metodologico, que guían el trabajo de una comunidad académica particular, y que permiten la generación y el desarrollo de teorías sustantivas. Algunas teorías sustantivas cumplen un papel especial en la socialización de nuevos miembros de la comunidad, al ser considerada como ejemplos a seguir al aplicar la posición teórica” (Gandara 1993: 8).

A continuación describiremos brevemente las tres áreas principales de una posición teórica:
· El área valorativa: donde se define el ¿para que? y los problemas deben ser considerados relevantes, jerarquizándolos y formulando principios que han de guiar el conjunto de la investigación, en torno a lo que se debe o no hacer para dar solución al fenómeno en cuestión. En resumen define el objetivo cognitivo de la posición en tanto descripción, explicación y comprensión, asociándolo de paso a una metodología particular (Gandara 1993).
· El área ontológica: determina que es lo que se estudia y abarca los supuestos sobre como es la realidad a estudiar. Implica un acto de fe en cuestiones tan triviales pero de gran importancia como si la realidad es material, ideal, en si misma, etc. Además se sentarse en esta área los supuestos de causalidad y probabilidad, entre otros problemas de la metafísica (Gandara 1993).
· El área espitemologico-metodologica: donde se propone el como debe estudiarse aquello que se definió en el área ontologica. Se encuentran supuestos y propuestas tanto sobre el proceso de conocimiento en general como la noción y criterio de verdad, el criterio de demarcación y método. Además de la lógica de evaluación de la teoría.

Como vimos ya resolvimos en parte el problema del concepto de “teoría”. Debemos decir, volviendo a nuestra analogía del manto, que la elección de alguno dependerá en parte de un acto de fe sobre cual de estos es el más adecuado. Sobre esto, muchas veces las dimensiones histórica y social inciden el tipo de manto que se elige comúnmente desde el sentido común o en una comunidad científica como viene señalando hace bastante tiempo la posición historicista de la filosofía.
Con el problema de la teoría resuelto en parte, podemos pasar a revisar lo que esta implica dentro de arqueología y como esta se relaciona con la idea de prehistoria que los arqueólogos construimos, así como con el modelo de ciencia y de conocimiento que tenemos.

Bibliografía.

Bate, L. F. 1989 Notas sobre el materialismo histórico en el proceso de investigación arqueológica. Boletín de antropología americana 19: 5-27.

Gandara, M. 1993 El análisis de posiciones teóricas: aplicaciones a la arqueología social. Boletín de antropología americana 27: 5-20.

3 comentarios:

LISY dijo...

No se si mi comentario tiene lugar o si este es pertinente, pero quería hacerles decirles que modestamente, el articulo me pareció muy práctico y accesible, gracias!

Alexey154 Q dijo...

Hola, está muy bien (algunas faltas de ortografía pero bien). Lo ùnico es que el tìtulo no corresponde al contenido, deberìa llamarse "qué es la teorìa?" Porque de arqueológico en concreto este trabajo no tiene nada. Saludos

Alexey154 Q dijo...

Hola, está muy bien (algunas faltas de ortografía pero bien). Lo ùnico es que el tìtulo no corresponde al contenido, deberìa llamarse "qué es la teorìa?" Porque de arqueológico en concreto este trabajo no tiene nada. Saludos