sábado, 22 de diciembre de 2007

Relación entre teoría arqueológica y la construcción de la prehistoria.

Cuando nos imaginamos a los arqueólogos trabajando en una investigación, inmediatamente se nos viene a la cabeza situarlos en una excavación estudiando fragmentos cerámicos, puntas de flecha, huesos y otras cosas extraídas de esta misma. Muchos se preguntaran ¿Como es posible que mediante ese tipo de elementos, el arqueólogo pueda interpretar la prehistoria (si es que creemos que lo hacen) siendo en definitiva no nos dicen nada sobre como las sociedades prehistóricas vivían en su cotidianidad? Si bien esta imagen no un fiel reflejo de la realidad, presenta en gran parte de los objetivos y problemas a los que se enfrenta un arqueólogo en su trabajo diario. Desprendiendo algunas implicancias de nuestra presentación, entendemos que si bien los elementos que encontramos en una excavación, o mejor dicho, el registro arqueológico como totalidad, es antes un fenómeno contemporáneo y muchos de sus elementos son producto de la actividad humana por lo que constituyen un registro espacial y temporal de cierta actividades del hombre.

Sin embargo, al insertarnos en este debate nos hemos saltado una discusión anterior que para muchos pudiera ser escolástica e infructífera, pero para nosotros, es trascendental a la hora de evaluar los productos de nuestras interpretaciones. Nos referimos al problema de los objetivos de investigación y por tanto de la teoría arqueología y de la arqueología como ciencia, a continuación abordaremos uno de ellos, el problema de la teoría arqueológica en la construcción de la prehistoria.

Como mencionamos en la exposición anterior, la teoría o posición teórica, constituye en términos generales los supuestos y propuestas que orientan la producción de teorías sustantivas (Gandara 1993). Esto resulta esclarecedor por un lado, pero por otro nos plantea la interrogante en torno a como se muestra la teoría en un campo científico particular como lo es la arqueología. Como punto de partida, diremos que la forma expuesta de concebir la arqueología, es en términos simplificados una de las posiciones teóricas fuertes en la actualidad. Esto, porque de partida plantea que el objetivo de la arqueología es reconstruir la cotidianidad de las sociedades prehistóricas en base al registro arqueológico.

Esta noción de la arqueología fue producto de un momento dentro del pensamiento arqueológico en donde se paso desde una actividad descriptiva de las materialidades utilizadas por una determinada cultura arqueológica hacia una labor mucho mas explicativa de los procesos que dan origen a esta materialidad y de paso presentar una visión global de la cotidianidad de las sociedades prehistóricas.

Como vemos esta noción no fue siempre la dominante en la arqueología y solo fue establecida a partir del surgimiento de una posición teórica conocida como la arqueología “procesual” o “nueva arqueolgía” (Gandara 1981). Antes de ella, la actividad arqueología se reducía por un lado a ubicar las materialidades de acuerdo a una modelo de etapas homoxtaciales conocido como evolucionismo, que de acuerdo a una organización tecnológica de los materiales que partía de los mas simple a lo mas complejo, presentaba a la prehistoria como parte de un desarrollo unilineal a lo largo de tres edades: salvajismo, barbarie y civilización (Alcina 1989); o bien bajo concepto de cultura arqueológica de definiendo a las sociedades materialmente en base a sus artefactos ubicaba las culturas dentro de una cronología y espacio determinado, posición teórica conocida como arqueología histórico cultural.
Por lo tanto hemos visto que de acuerdo a la posición teórica que se asuma, la noción de prehistoria o de cómo reconstruir esta va cambiando de manera sustancial. En base a ello es posible concebir la importancia de la teoría arqueológica a la hora de acercarnos a una reconstrucción de la prehistoria. Sin ella, nos seria imposible abordar desde un marco explicativo la evidencia que hallamos en las excavaciones, ni tampoco, presentarla como un conocimiento necesario.

En base a esto desprendemos una de las primeras implicaciones importantes la teoría arqueológica, es que permite darle importancia a nuestro trabajo, de porque es necesaria para la sociedad contemporánea y con ello permitirle su desarrollo. El pasado desde el sentido común pareciera ser importante solo en base a que es parte de la historia de la humanidad y por tanto necesario para situarnos en el mundo. Sin el, nos costaría significar la realidad contemporánea y además reflexionar sobre hacia donde se orienta la humanidad o el futuro de nosotros mismos. En base a esto la arqueología puede reconstruir generalizaciones interculturales acerca de procesos culturales de largo alcance (Johnson 2000) y de es manera a la vez servir como un elemento de revolución cultural en tanto permite desnaturalizar a las sociedades de ideologías represivas o formas de situarse en la realidad, descubriéndolas en su manifestación real y con ello permitiéndonos analizar su carácter nocivo (Johnson 2000).

Otra reflexión importante en cuanto a la importancia de la teoría arqueológica en la practica arqueológica, es que necesitamos “evaluar una interpretación del pasado con otra para decidir cual es mas sólida” (Johnson 2000: 19). Sin lugar a dudas que si una de las importancias de nuestra actividad se estructura en base a la construcción de un conocimiento, es necesario distinguir entre buenas y malas interpretaciones del pasado. Esto partiendo de la base que pueden existir muchos acercamientos para explicar el fenómeno cultural en las sociedades prehistóricas, ejemplos claros son por ejemplo la multiplicidad de visiones que existen en torno a las pirámides de Egipto. Debemos establecer por ejemplo si estas manifestaciones constituyen producto de actividades humanas u obras de alienígenas que se esconden en la corteza terrestre, por lo que es importante trascender del mero sentido común y permitir a la sociedad tomar una posición que no obvie los planteamientos que la ciencia arqueológica entrega en base al pasado. Solo así podremos contribuir a la existencia de un conocimiento adecuado sobre nuestro pasado que entregue herramientas importantes a la construcción del presente.

Finalmente debemos decir que en nuestra actividad científica, debe ser muy concientes y explícitos sobre nuestras razones y prejuicios establecidos de acuerdo a nuestra posición teórica. Es muy común observar dentro de la actividad científica una actitud solapada que pretenden obviar las implicaciones éticas, morales y políticas que trastocan su labor como científicos (Johnson 2000). Esto parece no dar cuenta de la importancia que la ciencia tiene en la actualidad como criterio de verdad que juega un rol fundamental a la hora de discernir sobre la conveniencias de muchas de las acciones que dentro de la sociedad se ejercen, la ciencia hoy por hoy se establece como criterio de autoridad que puede ser utilizado de manera nociva o constructiva para la sociedad, pues como dijimos anteriormente opera muchas veces como guía de acción y por tanto nos plantea una responsabilidad ante nuestros actos. En este sentido, presentarnos como sujetos ateóricos implica de por si ocultar el examen critico hacia los postulados que elaboramos como arqueólogos. Si como dijimos anteriormente somos conciente de nuestro rol en torno a la construcción del conocimiento no podemos asumir una postura voluntarista y plantear que nuestros postulados no implican prejuicios y sesgos propios. La anterior exposición sobre la teoría muestra con claridad que en el proceso de investigación se asumen determinados postulados y concepciones de la realidad que antes que nada, es tan basadas en actos de fe y por tanto no están exentos de cuestionamientos. Solo así podremos ser un aporte verdadero hacia la sociedad, permitiéndole a esta discernir sobre cual es o no una posición correcta sobre un determinado fenómeno, preocupándonos a la vez de establecer canales de difusión adecuados que permitan democratizar el conocimiento generado y así “acortar la brecha entre investigadores y ciudadanos que no pueden dedicarse a ello y que se limitan por tanto a financiar nuestras investigaciones con sus impuestos” (Mena 2002:4)

Bibliografía.

Alcina, J. 1989 Arqueología como antropología. Ediciones AKAL S.A., Madrid

Bate, L. F. 1989 Notas sobre el materialismo histórico en el proceso de investigación arqueológica. Boletín de antropología americana 19: 5-27.

Gandara, M. 1993 El análisis de posiciones teóricas: aplicaciones a la arqueología social. Boletín de antropología americana 27: 5-20.

1981 La Vieja nueva Arqueología. Boletín de Antropología Americana 2: 7-45.

Johnson, M. 2000 Teoria arqueologica una introduccion. Ediciones AKAL S.A, Madrid.
Mena, F. 2002. La arqueología en la época de las comunidades mediáticas: El caso del poblamiento Americano. Revista Werken Nº 3: 4.

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